sábado, 26 de septiembre de 2015

No escribir

Hace tiempo que no escribo por aquí.
Me entristecen las ausencias,
sé que debería levantarme una y otra vez y no descansar.
Escribir para no morir,
¿Quién dijo eso? no logro recordar.
Pero si que lo escribí en una pizarra de plástico.

No escribo por que hay suspiros que no llenan los muros de mis palabras.
No escribo porque a veces la ciudad se me echa encima y no sé donde está el camino.
No  escribo por falta de confianza, por desorden, por pereza, por no sentirme buena en esto.
Pero sé que si dejara de escribir largo tiempo yo ya no sería la misma.

Es curioso, pero escribir sana, te levanta, te alimenta.
Ahora mismo el sol se hace brillar en la pantalla de mi ordenador
y mis dedos teclean felices mientras escribo esto.

domingo, 16 de noviembre de 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

Melancolía





Vinieron las tristezas

 Los desajustes,

 Tormentas de promesas,

 Incansables horas de vigilia.

 El abismo de romperse,

 El silencio convertido en infierno,

 Horizontes lejanos,

Brisa atrapada en una brújula.

Una solitaria que bebe los abandonos

Pero que colecciona esperanzas.


Ignora el poder de una lágrima.

Anhela el olor de la vieja camiseta de amores tempranos,

Sus libros, las calles, los edificios,

El sol y su escondrijo.

Es un pájaro que vuela y no encuentra.








martes, 16 de septiembre de 2014

Ciclones en tu boca




Te he soñado esta noche, cuando la luna se derramaba sobre mis párpados. Te he sentido temblar encima de mi boca, para que de esa manera nunca logre olvidarte.
He vuelto a encontrarte en medio de la nada,
en este ciclón que todo se ha llevado, inundándolo todo.

Son ahora otros labios que deseo,
pero que sin embargo no conocen ese secreto.
Los sueño aunque a veces los noto lejos y tan cerca.
Ya no me dueles,
por increíble que parezca vuelvo a estar en píe,
llevo entre mis manos otro latido, otra esperanza.




La nostálgia de tu nombre


Pesan las nubes en esta tarde gris. Escruto la mirada hacia el infinito. En mis manos florecen sueños, descalzo tu recuerdo.
La ciudad descansa, hay ventanas que ocultan la vida. La mía está abierta, esta vez no cerraré las persianas.

Imagino que penetrarás en esta habitación con la ayuda del viento.
Quererte significaba destapar heridas,
pero así te quise, con tus tormentas, aflicciones, distancias y olvidos.
Un amor como el mío no lo encontrarás en la arena que se funde bajo tus pisadas.

Una tarde como está, susurraste en mis labios que siempre volverías cuando el cielo se tornase de gris, con tu abrigo de mendigo, ocultando debajo del brazo papeles llenos de poemas. Nunca los pude leer, te los llevaste contigo, dejándome huérfana de ellos.

Hoy llueve, en mis pechos duerme tu nostalgia. Ya no estás, no vives, no en esta tarde gris. Vivo con mi soledad, divorciándome de mis sentimientos.
El cielo comparte conmigo la tristeza que trae la lluvia, refugiándose en mi vientre, párpados y en el corazón.

Soledad


En la cocina se oyen las voces de mis hijos, murmurando secretos de infantes. Me dirijo a la parte trasera de la cocina, allí puedo pensar. Necesito la soledad como una vieja amiga. Abro la ventana, las cortinas de tela son espectros que acarician mi sonrisa de nostalgia. Abrigo mis brazos con mi blusa vieja, la que él me regaló en los días de antaño. Él ya no está en mi vida, se marchó. Pero tuvo el valor de decir lo que yo no pude.



Recuerdo sus huellas de hombre fuerte y engreído sobre el camino, aplastando los pies en la húmeda y blanda tierra. Su silueta desvaneciéndose a través del follaje, llevándose consigo una pesada mochila de vagas y crueles tormentas.

Todo lo que ofrecí, lo que le entregué, jamás podrá devolvérselo nadie. Una mujer que ha amado demasiado, sabe dejar huella en el corazón de un hombre. Creyó estar preparado para partir, dejándonos solitarios y ermitaños en este viejo caserón. Besó con fuerza las mejillas de nuestros dos hijos, cerró fuerte los ojos como si le hubiese entrado gotas de ácido. Después se acarició el pecho, dándoles como despedida la imagen de un padre que renunció a su corazón.



Cada día crucifico el calendario porque sé que volverá. Empiezo a convertirme en una anciana que teje con hilos de besos secos la ropa de sus hijos. Ellos saben que esta sonrisa llena de tristeza esconde un sentimiento. Van haciéndose mayores, y esta casa pronto encerrará un silencio que no sabré como afrontar. Observo los pinos que bailan con la brisa del verano, el cielo traza líneas blancas. Recuerdo los días de mi juventud.



¡Qué tanto nos quisimos! ¡Qué tanto amé la vida desde entonces!

Antes de que las lágrimas acudan a mis mejillas, froto mis sienes, obligándome a ser fuerte. Escucho las traviesas pisadas subiendo las escaleras, y siento en mi espalda, una fuerte unión de cuatro brazos que me recuerdan lo mucho que me necesitan.

Creer o no creer




A veces necesito oírte decir que me quieres, que me piensas, que nunca te irás. Creo escuchar el eco de tu nombre llamándome en la ciudad. Pero no, no es el silencio el que me persigue, es el vacío que provoca tu ausencia, es esta distancia hostil que arranca llantos de mi garganta.