jueves, 27 de octubre de 2011



Me pregunto desde cuando te volviste tan frío, 
son esas suposiciones que tenemos las mujeres, pues sabemos cuando algo no va bien. Al decir verdad, te extraño, aquí empieza a hacer frío, llegó el otoño, todo empieza a volverse gris. Intento no pensarte, pero te mantienes en vilo, en cada hueco, te apretujas entre mis pensamientos, y duermes en mi corazón, a veces abrazo la almohada imaginando que ella eres tú, y cuando abro los párpados desapareces. Ni siquiera sé decirte como me siento, tengo tanto que decirte, que preguntarte; no desearía otra cosa que tenerte aquí ahora mismo, abrazando mis palabras, este cuerpo que empieza a recuperarse pero que aun lucha contra el abismo. Y es que ese vacío que obtengo, empieza a crecer, me agujerea el pecho, no puedo controlarlo, duele, pero sin sangrar, late,  y a veces no me deja respirar. Solías decir que peco de ser melodramática, quizá estuve hecha para eso, para sensibilizar cada gesto, tender a ser vulnerable. Pero es que cuando se ama, al igual que se gana, también se pierde, y yo te siento lejano, tanto, que noto que ya te he perdido. Aun así, me queda esa pequeña luz que acrecienta mis ansias de luchar por ti, por lo nuestro, porque juramos que los kilómetros no nos vencerían, que todo esto tenia una salida. Teníamos amor,  y ahora tenemos soledad, tu siempre has sido el fuerte, yo la llorona. Pero compréndeme, tenia miedo de que te marchases, de que no volvieses, tenia miedo de tantas cosas...

Ese video refleja como me siento, ahogándome entre un mar de dudas, entre las paredes de mi habitación, en mi misma, restos de un viaje que hice y del que ya no regresé, tal vez todo esto que estoy diciendo suena incoherente, pero dejo que hablen mis manos, porque la cabeza la tengo en Roma, y el corazón escondido en un cuaderno, pues Roma urge de mis recuerdos contigo, donde fuimos libres, y mi corazón intenta buscarte entre proverbios y consejos. Los días son cuencos vacíos, sin caramelos, sin llamadas de esas que duraban horas, sin esos besos que imaginábamos mandar. Qué estoy muriéndome y no te das cuenta, que he cambiado y parece no importarte, estoy triste, si, pero sigo en pie. Solías decir que era una campeona, que tenia la sonrisa y los ojos más bonitos del mundo, y caí en esa red donde cada vez me gustaba perderme, enredarme, sin importarme perderme entre mareas o puertos donde, las anclas no estaban bien atadas. Tu eras lo que me mantenía en pie, lo que me hacia fuerte. Debería ir poco a poco para contar nuestra historia, pero escupo palabras que no puedo guardar, no hoy, cuando necesito soltarlas. Sabes que siempre te amaré pese a todo, lo sabes y... sigues ignorándolo. 

Hoy tengo ganas de llorar, no es nada nuevo, últimamente lloro por todo, no sé porque será. No es un llanto de esos que meten ruido, esos que golpean y que a nadie les gusta oír, este llanto tiene otro sonido, uno muy diferente. Y tengo ganas de gritar, hasta que me quede sin voz, sin alma, hasta que la lengua se me hinche y se vuelva negra. Y no puedo llegar a ti, eso me mata más, ahora entiendo porque el amor es devastador, ahora es cuando entiendo algunas cosas que decías.





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