martes, 16 de septiembre de 2014

Noche


Fue frente a la iglesia cuando hablé contigo la última vez. Recuerdo las piedras, torcidamente alineadas, la fachada desgastada por el transcurso del tiempo, el campanario tristemente adornado con una campana grisácea. Estuve sentada sobre el escalón de la fuente que contenía los sedimentos del abandono. Te confesé con dolor indescriptible que ya nada podía ser como antes, que ya estabas atrás, en ese vagón tímido del recuerdo. Entonces lloré, sin que te dieses cuenta. No oíste ese dolor mío, ese que te hice mostrar tantas veces. ¿Quién lo diría? En esa plaza qué tantas veces habíamos recorrido cogidos de la mano, con esa esperanza cosida en los dedos, los tuyos, los míos. ¿Quién lo diría? Me dueles, te hiero, el amor nos duele, es así, siempre lo ha sido. En esta extraña noche me has dolido, como jamás lo había hecho una lágrima.

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